¡Hola Mundo!

Como ingeniero de sistemas no tengo otra forma para iniciar esta nueva incursión en el mundo del blog más que diciendo “¡Hola Mundo!”.

Ahora toca presentarme. Sin lugar a duda, que hayan llegado aquí significa que me siguen por alguna red social y están interesados en mi trabajo, pero de todas formas es de cortesía dedicar algunas pocas líneas en introducir, ¿no?

Lo haré, pero lo haré haciendo uso de las palabras de Fernando del pasado. En específico del Fernando de hace tres años, el que aún no comenzaba a escribir Imperio Felino y no se atrevía a tomarse en serio moldear su carrera como escritor.

Sí, párrafos atrás dije “nueva incursión en el mundo del blog”, y es que ya varías veces he intentado hacer esto de plasmar mis pensamientos más personales en entradas de una página web. Y para la ocasión me sirve, pues rescataré mi presentación en el blog que en su momento cree con un amigo:

5 de Abril de 2022:

Una historia sobre Fer, una historia sobre Final Fantasy

¡Hola hola! ¡Soy Fer!  En otros sitios de internet me pueden encontrar como Feragon, pero acá acorté por tema de branding… Muy profesional, ¿Eh?

Bueno, me presento, soy un ingeniero en sistemas aficionado hasta el punto de la locura a los videojuegos, el cine, la música… vamos, todo lo que sea arte. Un ingeniero en sistemas que se aburre de tanto trabajar con bases de datos y análisis y quiere compartir un poco su visión del mundo, por lo que junto a Al estaré  escribiendo continuamente en este nuevo blog (o eso es el objetivo al menos)

Pero bueno, ¿Cual es el punto de este primer post? Mas que todo presentarme, contarles de mi. Entonces, como dice nuestro querido Cloud:

Nací en el 93, pero Feragon como tal lo hizo por ahí en el 2000 cuando, esperando en un terminal de pasajeros para viajar desde el pueblo donde vivía su abuela hacía la ciudad donde ahora vivía su familia, se encontró una singular revista en un quiosco. ¿Qué le llamó la atención? Quizás la chica de cabello azul, el caballero de brillante armadura o el ladrón rubio con cola de mono. En estos momentos no sabría decirlo, pero fue algo lo suficientemente fuerte para que con fervor le pidiera a su madre que la comprara e insistiera hasta que así lo hizo. ¿Cuál revista era? Bueno, la primera edición de una revista de videojuegos de la que más nunca volví a escuchar, la edición especial de Final Fantasy IX de la revista Ready, una edición que detallaba desde el primer paso hasta la última línea de los créditos todo el walkthrough del juego, incluyendo todos los secretos y cualquier detalle adicional.

No es necesario decir que la leí más de una vez, las suficientes para aprendérmela casi de memoria y empezar a soñar apasionadamente con este mundo y con todo lo relacionado a los videojuegos. No tardé mucho en dejar de ver como suficiente el tan solo leer la guía e insistir a mis padres para que me regalasen la PSone, cosa que logré para las navidades de ese año o el siguiente, no lo recuerdo. Lo que si recuerdo bien fue la emoción incomparable con la que instalé la consola y reproduje el único juego con la que me la había regalado. No puedo expresar como me sentí cuando finalmente vi en mi pequeño televisor cuadrado el menú principal de Final Fantasy… … VIII??????

Si… efectivamente, mis padres se equivocaron y me habían obsequiado la versión anterior del juego que tanto deseaba. Pero hey, fue el mejor error posible. El Final Fantasy IX ya lo conocía de cabo a rabo y ¡Ahora tenía algo completamente nuevo frente a mí! En ese momento el joven Feragon conoció dos cosas: el frío sentimiento de la decepción y la ferviente emoción de aventurarse a lo desconocido, y vaya que fue increíble.

Muchos años y muchos juegos más tarde, Final Fantasy VIII sigue ocupando un lugar muy especial en mi corazón. Una historia mal planteada, con personajes poco desarrollados y un sistema de juego deplorablemente balanceado… pero a fin de cuentas una obra maestra. Si eso no demuestra que no se necesita una calidad incomparable para lograr transmitir emociones y grabar momentos a fuego en las personas, no sé qué lo hará.

Si, allí, durante esas largas horas frente a la pantalla fue que nació Feragon, un joven que luego fue alimentando su alma y sus sueños de historias maravillosas, música increíble y unas ganas irresistibles de transmitir esas emociones, de generarlas, de crear…

¡Ah! Cierto, hablamos de que me iba a presentar y solo escribí sobre mi obsesión con Final Fantasy, pero bueno… ¿Qué más puedo decir? Debo dejar más cosas para los siguientes post ¿Cierto?

P.D.: Apropósito, es mi culpa que Al también se haya obsesionado con Final Fantasy. Es más, el punto que define nuestra longeva amistad fue aquel momento que le hablé sobre el juego y luego, una madrugada antes de ir al colegio, le llevé a su casa el Final Fantasy VIII para mostrarle la animación de introducción. No importa lo que él les diga, ese fue el momento en que Al nació…

Muchas gracias por leer ¡Nos vemos pronto!

Y sí, esa es mi historia en grandísimos rasgos. La nostalgia que me da al leer esto es invaluable, y justo es sobre nostalgia en que se centra el siguiente post de ese blog del cual iré rescatando entradas en estas primeras semanas.

Sin más que decir, me despido por hoy ¡Nos vemos pronto!


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