El Poder de la Música en la Nostalgia

¡Hola!

Como comenté en la entrada anterior, devolveré a la vida los que considero como mis mejores posts en ese ya antiguo y olvidado blog del 2.022.

Hoy siguiendo el hilo de la nostalgia, les hablaré de:

19 de Abril de 2022:

Mamma Mia y porque la música es perfecta para los recuerdos

Esta semana cumple años una amiga que decidió que su fiesta de cumpleaños sería de temática de Mamma Mia. Así es, me toca vestirme como una persona que vive a la orilla del mar (gracioso, no lo ha logrado la situación real de que vivo a orilla del mar y lo va a lograr una fiesta temática). Por esto mismo decidí darle una oportunidad a la película, para saber que esperar del magno evento y que se esperaba de mí en mi asistencia… ¡Por favor, no tenían que darme ninguna razón para tenerme cantando ABBA toda la noche!

Fernando – ABBA (1975)

Pero, bueno, al grano ¿Qué tal la película? Pues, normal, divertida como mucho. La historia es básica, una chica que está a punto de casarse le roba el diario a la madre para ver si descubre quien es su padre y se da cuenta que esta tuvo tres romances de verano (en un mismo verano) y pues, alguno de ellos la dejó embarazada. Acto seguido, la chica toma la decisión más lógica y menos hormonal posible… invita a los tres sujetos a su boda escribiéndoles una carta haciéndose pasar por su madre. ¿Qué más debo decir de esta comedia romántica? ¿Qué la hace especial? Pues que no dejan más de un minuto sin agregar una canción de ABBA para desarrollar la trama. ¿Qué mejor para ignorar un guion extraño empeorado por unas actuaciones incomodísimas que agregar canciones ochenteras populares? I love it.

Muchas personas odian los musicales y aunque quisiera decir que logro entender el porqué, mentiría descaradamente. Lo más mágico para mí de las producciones audiovisuales es que crean momentos, crean recuerdos. De nada vale una película o serie con guiones increíbles o efectos visuales alucinantes si no tienen algo que logré quedarse grabado a fuego en el corazón y alma del espectador.

Recuerdo haber visto Transformers cuando se estrenó, ¿Qué recuerdo de la película? Solo que Bumblebee hablaba a través de la radio porque se le había dañado su mecanismo vocal, algo divertido y locuaz ¿Las escenas de combate renderizadas con tecnología de punta? No recuerdo ni tan solo un segundo de ninguna de esas secuencias… Siendo sinceros no recuerdo siquiera de que trataba la película.

Ese mismo año se estrenó también Supercool y, por dios, no hay persona que haya visto la película con la que no puedas hablar al menos unos solidos diez minutos de varios momentazos de esta. Desde que uno de los protagonista se saca una identificación falsa con nombre de McLovin para comprar alcohol, pasando por la adicción de otro personaje por dibujar penes en todos lados hasta la escena en la que dos policías se divierten disparándole a la patrulla con un menor de edad… Wow

“¿Podrían sacarme como si fuera un psicópata?” “Claro que si, McLovin”

Entonces, ¿Para mí lo mejor de las películas/series es que creen momentos para poder compartirlos? No del todo, lo definiría más como que creen momentos que pueda recordar. Solo que normalmente un dialogo, una escena, se recuerda más que todo cuando estás hablando del tema con alguien más (o escribiendo sobre ella como yo en este momento).

Y allí entra la magia de los musicales, lo que para mí es totalmente inigualable es que estas obras encapsulan sus escenas en una canción, una canción que fácilmente puede aparecer en tu lista de reproducción aleatoria y hacerte recordar escenas increíbles mientras estas en camino a tu casa en el metro, atrapado en el tráfico o haciendo ejercicio. Y además, si la compartes con otras personas o en otras situaciones, puedes cargarle más recuerdos y experiencias a esa canción, haciendo una mezcla súper interesante de sentimientos y sensaciones.

Cuando alguien me pregunta sobre La La Land recuerdo la actuación maravillosa de Emma Stone y Ryan Gosling, pero cuando escucho City of Stars me viene a la mente la escena de la película, el dialogo entre Mia y Sebastian junto con toda su trama y desenlace, recuerdo vivamente lo que sentía la primera vez que vi la película y mi vida en Caracas caminando al metro hacía el trabajo escuchándola una y otra vez. Recuerdo cuando la canté con una amiga la última vez que nos vimos antes de irme de Venezuela y ahora más recientemente un juego de cartas en Bogotá. Eso es magia.

Esa mirada final… Ese cierre imperfecto y perfecto al mismo tiempo, como la vida misma.

Por supuesto, esta magia no se limita solo a películas, si no a cualquier cosa a la que se le pueda agregar música.

Hideo Kojima es un genio en muchos aspectos y este no deja de ser uno de ellos por lo qué en su obra, Metal Gear Solid: Peace Walker, un juego de espionaje militar donde el personaje está constantemente combatiendo contra cientos de soldados y todo tipo de unidad bélica, hay una escena que marca toda la experiencia, quedó grabada en mí y nunca podrá ser retirada de mi top de inspiraciones. Lo peor es que es una escena normal, otro escenario donde tienes que protegerte de hordas de militares mientras te acedía un helicóptero… ¿Qué es lo que distingue esta escena? Que en el momento más crítico, cuando tienes varios minutos intentando vencer la situación, de la nada comienza a reproducirse Heavens Divide, sin ninguna explicación ni sentido, solamente suena y convierte una escena de combate más en una escena magnifica.

Epicidad al límite.

En conclusión, la música tiene la capacidad de tomar cualquier recuerdo, enardecerlo y llevarlo contigo por el resto de tu vida. Miles de veces he tenido conversaciones profundas con Al a altas horas de la noche con una cerveza en la mano, pero basta con reproducir Champagne Supernova para transportarme a Mérida, por allá en el 2012, al garaje de la casa de mi bisabuela, a una conversación que ni recuerdo, de un tema el cual ya desconozco, pero con unos sentimientos que puedo reproducir de inmediato con cada acorde de Noel y cada nota de Liam…

“Where were you while we were getting high?”

Entonces, volviendo al tema, por eso amo los músicales. Y aunque ya haya escuchado mil veces la mayoría de las canciones de ABBA que se presentan en Mamma Mia, ahora cada que escuche The Winner Takes It All pensaré en Miranda Priestly (Meryl Streep en The Devil Wears Prada) cantándole en la playa a James Bond (Pierce Brosnan en 007) sobre desamores…

Me gustaría decir que fue una buena escena pero en realidad fue bien incomoda.

Para finalizar, me pregunto entonces ¿De que valen las vivencias si no se convierten en recuerdos que atesorar para disfrutar en un futuro? Agreguémosle un poco de música.

Y con eso cierro.

El que viene la próxima semana será sobre un juego con el que estuve por completo obsesionado a inicios de ese año, Elden Ring.

¡Nos vemos pronto!


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